viernes, 20 de julio de 2012

FENÓMENO FAN EN LA LITERATURA


EL FENÓMENO FAN EN LA LITERATURA

Lo cierto es que de un tiempo a esta parte vengo dándole vueltas a este tema. Me parece que a estas alturas es de todos sabido el gran revuelo que se ha formado con la saga Crepúsculo y Los Juegos del Hambre. Fans enloquecidas (ojo al femenino, lo uso porque en su mayoría son mujeres, aunque tengo constancia de hombres entre los fans de Los Juegos del Hambre) que gritan y claman por sus personajes favoritos, que sacan las uñas si se te ocurre meterte con la novela y que reaccionan de forma alarmantemente exagerada cuando sale una nueva película de los libros. Esto lo he visto sobre todo con Crepúsculo, habrá que ver si los fans de Los Juegos del Hambre llegan hasta estas cotas.

A mi no me miréis, yo no tengo la culpa
Quizá os preguntéis por qué hablo del fenómeno fan en la literatura si resulta que esta locura se ha desatado por las películas y hay fans de las mismas que no han llegado a leerse los libros. Lo cierto es que, quieras que no, ha producido cierto golpe en el mundo de la literatura. Los hay que se echan las manos a la cabeza cuando se hace una película de un libro, a pesar de que este pueda gustarle, temiendo por fans que puedan imposibilitar el ver la película en paz y que la desprestigien con un comportamiento pueril. Esto seguramente sea lo que más moleste, ya que otras personas que tengan conocimiento de que a ti te gusta ese libro y has ido a ver la película, pueden pensar que tú eres igual que estos fans tan molestos y puedas llegar a tener un comportamiento similar. Esto lo he visto precisamente con Los Juegos del Hambre, fans que no quieren que se les relacione con las adolescentes enloquecidas.

Por ejemplo, van a hacer una película de la saga Cazadores de Sombras, saga que me gusta bastante y ya me estoy temiendo lo peor, sobre todo porque las primeras discusiones que he visto es sobre si los actores que hacen de protagonistas están lo suficientemente buenos para interpretar a los personajes del libro (¿soy la única que se pregunta sobre cómo harán a los demonios de feos, cómo serán las extrañas criaturas que pululan por la saga o cómo caracterizarán a los personajes más excéntricos, misteriosos o carismáticos? Decidme que no).

Sin embargo esto no ha sido siempre así. ¿Os acordáis de cuando se estrenaron las películas del Señor de los Anillos? Los había que llegaban incluso a disfrazarse, pero luego en la sala silencio sepulcral. Nada de grititos cuando salía el guaperas de Legolas haciendo skate en pleno ataque orco o por la trompa de un elefante. O cuando Aragorn hacia su entrada triunfal chorreando de agua, recién salido del mundo de los muertos en el que en realidad no había estado. En Harry Potter tres cuartos de lo mismo, lo máximo que llegué a oír fue un par de comentarios de la parte masculina (sí, la masculina) sobre Hermione en las últimas películas.

No negaré que fuera de la sala no se hicieran comentarios sobre si Legolas era más guapo que Aragorn o viceversa. ¡Eh! Estábamos en la edad (unos catorce años creo recordar), y al rato nos encontrábamos haciendo chistes sobre los Nazgûl, las cacerolas de Sam, sobre lo limpios que estaban los elfos cuando todos estaban de mugre hasta las cejas, Gimli, y rememorando las escenas más épicas. Eso sí, dentro ni mu. Silencio absoluto.

Ah, pero, ¿qué no era esta la convención sobre la batamanta?

 Está claro que los libros de Crepúsculo y el Señor de los Anillos no fueron concebidos de la misma manera, pero aun así confieso que me siento un tanto perpleja. Harry Potter ha terminado y lo que está siguiendo son novelas que, o son como Crepúsculo o se terminan enfocando como si fuera Crepúsculo aunque en realidad no lo sean. De ahí el miedo a que salgan películas de libros en este momento.

Pero volviendo al fenómeno fan en la literatura, lo cierto es que ahora se ha hecho más visible gracias al cine. ¿Acaso no nos gustaba leer antes hasta el punto de discutir por libros, personajes, manías y preferencias? Lo que pasa es que antes era algo como más secreto, más personal, algo de lo que debatías encantado cuando encontrabas a alguien que se había leído el libro que tanto te había gustado, comentándolo con tu grupo de amigos o, cuando apareció internet, en foros y/o en blogs. La verdad es que, para ser algo que muchos consideran que es de marginados, es un fenómeno que mueve y junta a muchísima gente alrededor del mundo (entenderéis este comentario si en vuestra juventud os miraban raro al decir que te gustaba leer, cosa que a mí me pasó mucho).

 
Esto sí es amor y no lo de Crepúsculo


El fervor, además, no era más pequeño ni mucho menos. Volviendo atrás en el tiempo recuerdo que se podían armar unas trifulcas increíbles en los foros por discusiones sobre libros. El que más recuerdo es uno sucedido entre fans de Memorias de Idhún, de Laura Gallego. En este libro aparecen dos personajes llamados Jack y Kirtash, y ambos tenían sus respectivos foros por lectores a los que les gustaban mucho estos personajes que se llevaban a matar, casi tanto como algunos que los defendían y atacaban al otro. Es decir, este tinglado no ha aparecido ahora, ya existía, lo que pasa que ahora es más visible gracias a las películas, aunque en general se siga ignorando lo que pasa con fans de otros libros, de los cuales solo puedes tener noticias por internet. Aunque lo cierto es que nunca he observado a nadie llegar a los extremos de Crepúsculo, ni tampoco he visto discusiones tan enfebrecidas por libros, a mi parecer, tan dudosos ni con personajes con tan poca chicha. Volviendo al ejemplo anterior,  Jack y Kirtash tenían algo que ofrecer, un buen fondo y mucho por donde coger, cada uno a su manera, pues en carácter eran diametralmente opuestos. Esto es lo que explica este enconado enfrentamiento por la defensa del favorito, ya que eran tan diferentes que si te gustaba mucho uno había una gran tendencia a que el otro te cayera mal. Eso sí, que nadie se piense que los estoy comparando con Edward y Jacob, jamás se me ocurriría semejante barbaridad. 

Kirtash era mi favorito, pero no veía el porqué de semejante disputa

 Con todo, tengo la sensación de que ahora se  habla más de libros que nunca, y creo que en parte se debe a las adaptaciones que se han hecho en el cine. Ojo, no es que antes no se hablara, sin embargo ahora parece más visible y más aceptado, o es la impresión que tengo yo ahora.

¿Qué opináis vosotros? ¿Cómo creéis que es el fenómeno fan en la literatura?

jueves, 19 de julio de 2012

ESTIGMA DE DRAGÓN: CAPÍTULO I PRIMERA PARTE


ESTIGMA DE DRAGÓN CAPITULO i

Madera y metal

            No podía seguir así por mucho más tiempo. Allí, en cielo abierto ellos tenían la ventaja. Eran mucho más rápidos que su moto aerodeslizadora. Tenía que bajar, sabía que tenía que bajar, pero aún no estaba muy segura de qué le daban más miedo: sus perseguidores o los árboles.
            Podía ver cómo a sus pies se abría una inmensidad de distintas tonalidades de verde, que continuaba hasta donde alcanzaba la vista. Si se internaba entre las copas tal vez, y solo tal vez, podría despistarles.
            Aquella huida estaba siendo una locura de principio a fin. Meses preparándose para aprovechar el mínimo resquicio que encontrara para poder escaparse y ahora, fuera de los túneles que comunicaban las ciudades, no sentía que estuviera más cerca de conseguir su propósito que cuando estaba en ellos. Sabía que se tendría que enfrentar en algún punto con ellos, aunque tenía la esperanza de haber conseguido más distancia para entonces. Pese a que se aferraba con fuerza al manillar, concentrándose en maniobrar, se sentía completamente bloqueada. Los árboles le provocaban un pavor profundo y allí, en el aire, era presa fácil, pero no se decidía a bajar. Volaba y volaba, como si así pudiera ser capaz de espantar sus temores y sus problemas se fueran a solucionar solos.
            Casi se cae de la aerodeslizadora cuando uno de sus perseguidores la alcanzó. Estaba ahí, a escasos centímetros, alargando la mano para detenerla, con sus fríos ojos metálicos, sin iris ni pupila, clavados en ella. Se le escapó un grito y viró bruscamente hacia abajo. Sin darse cuenta, estaba pasando entre los árboles, entre sus copas, rozando con ramas y hojas.
            Su corazón latía a mil. Creía que finalmente iba a morir, se iba a estrellar, los árboles iban a…
            Escuchó como ellos también se introducían entre el ramaje, de forma mucho más elegante y menos estrepitosa que ella. Claro que, por otro lado, era mucho más fácil volar con alas que con aquella máquina, por muy último modelo que fuera. Se esforzó en zigzaguear, torcer, ascender más, descender, maniobrar, lo que fuera para darles esquinazo, pero no había manera. Mientras tanto, podía notar el temblor de su cuerpo al ver a aquellos colosos de madera a su alrededor, sintiéndose atrapada por sus cúpulas verdes, preguntándose cuanto tardarían en reaccionar. Ya le estaba pareciendo que tardaban demasiado.
            Como si los árboles estuvieran de acuerdo con ella, escogieron ese momento para apresar la máquina de la que se servía para surcar los cielos y la atraparon entre las ramas con el sonido de un latigazo. El repentino frenazo hizo que su cuerpo se disparara por inercia hacia delante, chocando brutalmente contra el suelo al caer. Por suerte, su casco y su traje estaban diseñados para resistir impactos como ese o peores. Desgraciadamente, ni eso le libró de un buen aturdimiento.
            Se giró, tumbada como estaba, tratando de encontrar de nuevo el arriba y el abajo. Le dolía todo el cuerpo. No podía quejarse, de todas formas: si no fuera por el traje estaría muerta, aunque este no fuera eficaz cien por cien y su cuerpo terminara lleno de moratones.
            Las cosas empezaban a aclararse cuando escuchó un sonido que disparó sus alarmas de nuevo. El sonido de las plumas metálicas al batir contra el viento. Hizo un soberano esfuerzo por incorporarse y arrastrarse en dirección contraria. Fue entonces cuando lo vio, apareciendo entre las ramas como una aparición.
            Un ángel de metal, un robot que parecía más esculpido que construido, una hermosa pieza de arte que había cobrado vida milagrosamente. ¿Por qué eran tan bellos? Sus facciones y cuerpos perfectamente proporcionados eran tan hermosos que hacían daño, era incapaz de dejar de mirarlo mientras los árboles a su alrededor creaban halos de luz que lo envolvían, creando a partir del robot un espectáculo de luces y sombras del que no podía apartar la vista. Se maldijo a si misma, pero no podía dejar de admirarlo mientras se le echaba encima a una velocidad endiablada, incapaz como estaba de moverse y esquivarle en condiciones. ¿En qué estaría pensando sus diseñadores cuando los hicieron así? Incluso su gesto, tan vacío, tan frío, era merecedor de exponerse en un museo para ser admirado. Tal vez, si los ángeles existieron algún día, ese era el aspecto que verdaderamente tendrían.
            Volaba a ras de suelo. Pretendía agarrarla, elevarse rápidamente y volver a la polis. Su intento de fuga había fallado y no era capaz de imaginarse lo que esto podría suponer para su integridad física y mental. Sabía que solo tenía una oportunidad y había fallado.
            El suelo comenzó a temblar. De golpe salieron varias raíces del suelo, apresando al ángel con la fuerza de una constrictor. Le habían cogido las piernas y poco a poco las raíces escalaban por su espalda y sus alas, tirando de él, arrastrándole hacia la tierra. El ángel alzó un brazo, y el metal su mano se volvió líquido, se estiró, se ensanchó y se separó de su mano. Agarró con fuerza lo que se había convertido en el pomo de una espada, mientras el filo se endurecía hasta que, finalmente, golpeó duramente las raíces con su recién creada espada para librarse de ellas. Sin embargo, no pudo. Cada vez salían más y más raíces, como si todos los árboles de la zona estuvieran ayudando para detener al intruso. En silencio, sin que el robot emitiera sonido, las raíces se lo tragaron y volvieron bajo tierra con él ángel enredado en ellas. Casi sintió pena al ver a ese bello y frío rostro desaparecer bajo tierra. Casi.
            Los sonidos que le llegaban provenían sin duda del resto de ángeles que venían en su persecución. Todos luchaban con los árboles, ella misma sentía el cosquilleo de las raíces cuando pasaban a su alrededor. La lucha duró poco más, y tan rápido como empezó terminó.
            Todo se sumió en un silencio denso y pesado. 

jueves, 12 de julio de 2012

PROYECTO UMBRA: PRÓLOGO


Proyecto Umbra


Estigma de dragón
Prólogo


El muchacho resopló, cansado y sudando a mares. No sabía cuanto tiempo llevaban caminando, ni entendía por qué la noche no transcurría con normalidad y dejaba paso al día. La luna permanecía colgada en la bóveda celeste, terca, sin moverse ni un ápice de su altiva posición.
            -Ulrick, por tu madre, deberíamos pararnos a descansar.
            -Solo un poco más, Morn. Estamos a punto de llegar… lo sé.
           Morn negó con la cabeza. Su compañero le daba la espalda, avanzando infatigable, pareciendo más que cada paso le hiciera ganar energía, no perderla. Siguió caminando, tratando de alcanzarle.
            -Sé razonable, por lo que más quieras. Estamos persiguiendo una quimera, incluso si existe nos podría tomar días… o meses… ¡o años! –Por enésima vez Morn se cuestionó seriamente lo que le llevó a aceptar tan loco viaje.- En serio, Ulrick, necesito…
            Estuvo a punto de chocar contra su compañero, ahora quieto como una estatua y sordo como tal. Morn le dirigió una mirada de extrañeza antes de apartar unos arbustos que le impedían contemplar lo que a Ulrick había dejado de piedra.
            Abrió tanto la boca que la mandíbula no se le desencajó de puro milagro.
            Ante ellos se desplegaba un vacío inmenso, una extensa oscuridad plagada de luces, en el cual flotaban islotes desperdigados perezosamente en aquella inmensidad. Ellos mismos parecían estar en uno de estos islotes, y se dieron cuenta de que todos estaban interconectados con ramas, gruesas y nudosas que confluían en un…
            -¡Ahí, ahí!- Empezó a señalar Ulrick mientras tironeaba de la manga de Morn.- ¡Míralo, está ahí!
            -¡No puede ser! ¡Es imposible, no existe!
            -¡Vamos, corre!
        -¡Ulrick, que te matas!- Morn salió disparado tras Ulrick que, sin pensárselo dos veces, se abalanzaba sobre una de las ramas con la avidez de un depredador que lleva mucho tiempo sin catar presa… y por ello sin fijarse bien por dónde ponía los pies.
Por suerte para ellos las ramas eran muy grandes y, aunque no sin alguna dificultad, consiguieron llegar al epicentro de las mismas. Tardaron bastante, más incluso de lo que habían calculado a simple vista, pero esta vez ni el cansancio les detuvo, y ni siquiera Morn protestó en ningún momento. Después de tanto tiempo de arduo trabajo habían conseguido lo imposible. Aquello les daba unas fuerzas renovadas que no desaparecerían hasta alcanzar el tan ansiado destino.
            La parte más ardua fue, sin duda, deslizarse entre las ramas para alcanzar el tronco principal. El suelo estaba increíblemente abajo y las ramas y el tronco eran tan enormes que tenían que agarrarse de los asideros que formaba la madera, lo que al tacto de un árbol normal resultaba rugoso, en aquel formaba unos salientes en los que ambos se agarraban y descendían como si descendieran de una montaña, buscando los lugares donde podían hacer apoyo rezando por no caerse en ese vacío del que tenían dudas de que poseyera fondo.


            El islote en el que finalmente aterrizaron era considerablemente más grande que los demás. Ante sus ojos descubrieron una enorme roca apoyada contra el tronco, emergiendo de un imponente lago que, más adelante, estaba rodeado por árboles de tamaños normales pero no por ello menos misteriosos o fascinantes. Sus tupidas copas estaban formadas por hojas que refulgían como estrellas, mezcladas con otras eran más oscuras que la más oscura de las noches.
            Ninguna sabría decir más tarde cuanto tiempo se quedaron extasiados por aquella visión. La luz de los árboles arrancaba destellos de luces de distintos azules a las aguas del lago, como si en vez de iluminar las aguas estuvieran alumbrando un gran zafiro de superficie maleable y líquida. El suelo estaba cubierto de una mullida capa verde con algunas flores aquí y allá, casi como si las hubiera puesto alguien cuidadosamente para crear una hermosa obra de arte.
            Fue Morn el primero en salir de su extasiado estado contemplativo para fijarse más en el gigantesco árbol del que habían descendido. A priori había pensado que el árbol acababa y tenía sus raíces en aquel pedazo de tierra flotante, pero mirándolo más de cerca y asomándose por los bordes de la isla se dio cuenta de que no era así. El árbol continuaba más y más, perdiéndose en aquel mar negro lleno de luces hasta un punto donde era imposible vislumbrar su final.
            Tras confirmar que estaban en algún punto intermedio del tronco del árbol, Morn regresó al lugar donde se encontraba Ulrick. Este aún seguía mirando su alrededor, con una sonrisa de oreja a oreja. Al acercarse Morn, Ulrick le abrazó y empezó a reírse a carcajadas.
            -¡Lo logramos, lo hemos conseguido!
            Por una vez, Morn se dejó llevar por la euforia de Ulrick, riendo como nunca lo había hecho en su vida. ¿Por qué no? ¡Habían logrado lo imposible!
            -Sí, lo habéis conseguido. ¡Felicidades!
            Ambos casi se caen al suelo del susto. La voz risueña provenía de la roca, donde una mujer se sentaba en su cumbe ocupada en afinar un laúd. ¿De dónde había salido?
            -¡Sed bienvenidos, viajeros! ¿A qué mundo deseáis ir?
            -Ehm… ¿mundo?- Morn estaba bastante descolocado.
            La mujer  dejó de afinar el instrumento y se giró hacia ellos, mirándolos con curiosidad. De un ágil salto bajó de la roca, posando con suavidad los pies en el suelo.
            Los hombres volvieron, otra vez, a quedarse mudos de la impresión. La mujer que estaba ante ellos no podía ni ser humana. Su cabello, negro como el ébano, se movía de un lado a otro como si estuviera sumergida en el agua, creando un halo a su alrededor. El efecto era tal que su cabellera parecía líquida, no sólida. Su piel relucía de forma extraña, cambiante, hipnótica, como si toda ella fuera una luz palpitante como las que se veían en la distancia. Sus ojos eran negros, tan oscuros que cualquiera diría que eran todo pupila. Había promesas en ellos, muchas promesas… ¿pero promesas de qué, exactamente? ¿Una nueva esperanza, un deseo cumplido… el más funesto de los destinos?
            Sus orejas eran algo más grandes que las humanas y puntiagudas, su sonrisa encantadora y traviesa, blanca y suave como la nieve. Sus curvas apenas estaban tapadas con unos pedazos de tela roja, tapando lo justo, de manera que el increíble tatuaje que lucía su piel quedaba casi completamente a la vista. Era el árbol, que se intercalaba con su piel resplandeciente, con las ramas enredándose en sus brazos y sus raíces haciéndole cosquillas en sus caderas. Caminaba casi como si no lo hiciera, deslizándose con suavidad guiada por algún tipo de melodía que quedaba oculta a oídos de Ulrick y Morn. En sus manos sostenía un laúd hecho de algún material delicado y transparente, tal vez cristal.
            En esta ocasión, Ulrick fue el que se recuperó primero.
               -… ¿Eres un ángel?
            -¿Ángel? Mmm…-Acarició un poco por debajo de su clavícula y las ramas de su tatuaje se estremecieron. Varias se retiraron hasta que una sobresalió del resto. En el árbol real, una de las ramas crujió y empezó a bajar, hasta quedar a la altura del césped. Se extendía bastante, y no podían ver con claridad cuál era el islote con el que conectaba la rama. La mujer señaló en aquella dirección.
            -Si buscáis un mundo de ángeles, ese es el camino. No os preocupéis, no tardaréis tanto como parece. Eso sí, os va a costar adaptaros.
            -¿Qué? No, no, no… espera. No hemos venido aquí buscando mundos de ángeles. ¡Hemos venido a buscarte a ti!- Reaccionó Morn.
            -¿A mí?-Dijo divertida la mujer.
            -¿A ella?- Repitió Ulrick.
            -¡A ella! ¡Ella es el bardo! O bueno, la barda. ¡Es ella!
            -¿Barda?-La mujer sacudió la cabeza.- No, os equivocáis. Es bardo. En mi lengua “bardo” es un concepto demasiado grande para estar restringido por parámetros de “femenino” o “masculino”.
            -Pero estás hablando nuestro idioma.-Objetó Morn.- Lo correcto es “barda”.
             -Quisquilloso…-Masculló Ulrick para sí mismo.
        -Eso es lo que creéis vosotros.-Los observó con detenimiento, caminando a su alrededor. Su mirada bailaba entre la curiosidad y la diversión.- Así que venís buscándome a mí. Esto es nuevo, nunca recibo visitas. O al menos no son para mí.-Se acercó al árbol y acarició su corteza.-Todos eran viajeros que buscaban un nuevo mundo donde vivir.
         -¿Y quién querría vivir en otro mundo que no fuera el suyo?-Preguntó Morn.
        -Te sorprendería.-Respondió apoyándose en la corteza del árbol.- La mayoría están desesperados por abandonar sus respectivos mundos. Por algún motivo no les gusta el mundo en el que les ha tocado vivir, lo rechazan con tanta fuerza en su interior que terminan aquí, aunque no suelen recordar cómo han llegado.-Pasó los dedos distraídamente por las cuerdas del laúd, arrancándole un par de notas tristes y melancólicas.-Yo les ayudo a encontrar un mundo más afín a ellos. Algunos eligen bien, otros no, algunos se alegran de su decisión y otros se arrepienten.
        -¡No me lo puedo creer! ¿Solo les interesan los mundos? Pero tú… ¡tú estás aquí!- Morn hablaba como si aún no se creyese todo aquello.
            -Vaya, gracias.
            -No, quiero decir…-A Morn se le subieron un poco los colores.- ¡Eres el bardo! ¡Tú lo sabes todo!
            -Tanto como todo…
            -No, ¡no! Sabes lo suficiente, lo primordial. Las respuestas que siempre se ha formulado el hombre y que no tenían respuesta. ¡Sabes sobre el principio y el fin de todo! El universo, los mundos…
            Morn sintió la dureza del suelo en su trasero cuando cayó sorprendido al tener de repente a la mujer a pocos centímetros de la cara.
           -Visto así sé muchas cosas. Sé de los mundos-Dijo con sencillez.- pero porque tengo que saber de los mundos.
            -¡Por eso eres el bardo!-Dijo Ulrick al darse cuenta de repente.- Ayudas a los viajeros a elegir. Les cuentas historias sobre los distintos mundos para que puedan hacerlo.
            -Así es.-La sonrisa esta vez fue cálida y amable.-Sé muchas historias y sé contarlas como nadie.
            -¿Conoces alguna de dragones?
            -¿Dragones?-Morn no daba crédito.- ¿Puedes resolver todas las dudas que acaecen al ser humano desde su nacimiento y preguntas sobre dragones? ¡Maldito obseso de las historias raras!
            -¡Un respeto! Que si no es por mi “obsesión” no estaríamos aquí.
            -Así que uno quiere una historia de dragones y otro quiere saber sobre el ser humano... Os complaceré a los dos.
            Ambos le miraron sin comprender. Ella se dio la vuelta con un gracioso movimiento y en un parpadeo estaba de nuevo en la roca, con el laúd preparado.
            -Os contaré la historia de un mundo ya viejo, uno de los primeros en existir, uno donde también hay humanos y donde estos fueron muy lejos con su inteligencia y razón. Demasiado lejos. Desafiaron a la naturaleza como ninguna especie había hecho antes, en su arrogancia, o tal vez incluso aburrimiento, tantearon límites que no debían ser tocados… y los rompieron.-Sus dedos empezaron a acariciar las cuerdas, componiendo el principio de una melodía.- Lo que no existía existió, y lo que debía permanecer inalterable cambió. Las consecuencias no tardaron en llegar, y si algo les cuesta asumir a los humanos son las consecuencias de sus actos. Su respuesta no fue buena, y a punto estuvieron de acabar con su raza y con su mundo. Debieron aprender a organizarse y convivir con su entorno prácticamente desde cero, y ya no eran la única raza inteligente que poblaba su tierra…
            “En esta historia hay dragones, ya lo creo, pero es una historia sobre el alma humana, de sus recovecos más oscuros y la tenue luz de sus esperanzas. Y, como cualquier historia, da igual cuan inverosímil parezca, si sabéis escuchar con atención habréis dado con algunas de las respuestas que tanto ansiáis encontrar. Todo comenzó con una chica que huía por su vida, sin ser consciente aún de que lo que estaba en juego era infinitamente más importante que eso…” 



miércoles, 11 de julio de 2012

De regreso

¡Buenas noches a todos, adictos a las historias! Hace mucho tiempo que no publico nueva entrada, pero no, no he abandonado el blog. Dije hace algún tiempo que quería escribir por aquí una de mis historias y pienso hacerlo pero ¡oh! ¡sorpresa! Los obstáculos están donde menos te lo esperas. En mi caso estoy aprovechando el verano para hacer algunos cursos, lo que hace que mis vacaciones no lo sean tanto y tenga menos tiempo de lo que esperaba en estas fechas. Ahora bien, tengo muchas ganas de que esto salga adelante, y para que lo haga necesitaré de vuestra ayuda. 

Según vaya escribiendo, os agradecería enormemente que me fueráis comentando vuestras impresiones. Buenas o malas, ¡todas son importantes! Me ayudarán a mejorar  y a que vuestra estancia en la Roca del Bardo sea mucho mejor. 

¡Sed bienvenidos y disfrutad todo lo que podáis de la lectura!



PD: Mañana el prólogo y alguna sorpresilla más ;-)

martes, 8 de mayo de 2012

Conferencia: Agustín Fernández Mallo

No estoy muy segura de con qué me he quedado de este conferenciante. Cuando hablaba de lo que se puede hacer con la pluma fijándonos en cualquier cosa, sí que lo he entendido y he estado de acuerdo, pero ha empezado a hablar de cómo usa sus conocimientos de física en su trabajo me he perdido bastante. Es lógico: cada escritor saca inspiración de lo que conoce, de lo que se maneja y de lo que le apasiona, pero ponerse a hablar de física a gente que no controla mucho...
Ha sido gracioso cuando ha dicho que es autodidacta, que no había ido a ningún tipo de taller o curso. Digo que ha sido gracioso porque nos lo estaba contando a nosotros, que sí estamos yendo y estamos tratando de aprender todo lo que podemos para poder utilizarlo en el futuro. Por la manera en que lo he dicho  me ha llevado hasta a pensar si no estaríamos perdiendo el tiempo, por que, no sé, cualquiera puede ser escritor de cualquier manera, aunque seas físico y no tengas ni idea de literatura, ¿no?
Puede que hubiera entendido mejor a este hombre si hubiera conocido algo de su obra, pero no es el caso. Me ha dejado más confundida que otra cosa, y con una sensación de malestar en el fondo del estómago. Me alegro que él publique una entrada en su blog y enseguida salte alguien a publicársela. Me alegro de que pueda ir a Nueva York y escribir sobre cualquier cosa que se le cruce por ahí, pero, ¿no podía habernos contado cómo consiguió llegar hasta ese punto?
Es una proeza que te publiquen algo sacado de un blog, donde está gratis y para quién lo quiera leer. Normalmente los que publican cosas en blogs lo hacen gratis para poder ir haciéndose un nombre, que la gente empiece a conocerlos, que con suerte las editoriales se empiecen a fijar en él. Por eso digo que es una proeza, porque al menos a mi me lo parece. 
Creo que realmente este señor quería que aprendieramos algo de él, pero considero que no lo ha enfocado bien. He intentado ser optimista, he intentado ver lo bueno que he sacado, pero... no, la sensación sigue ahí y no se ha marchado. Supongo que me ha debido dar algo de envidia, lo reconozco, pero es algo que no me pasó con ninguno de los otros autores.

Comentario conferencia: Fermín Cabal


La charla de Fermín Cabal ha sido muy ilustrativa. Me ha hecho ver el mundillo del escritor de teatro desde una perspectiva que no me había planteado nunca. Sin embargo, considero que hay varias cosas que también se puede aplicar a la hora de escribir una novela. Creo que lo más importante es que lo escrito tiene que llegar al alma. Se puede hablar y contar mucho desde la razón, pero lo que verdaderamente se graba y se queda clavado, es lo emotivo. Además, lo más probable es que termine entendiendo mejor (el lector, el espectador) lo que se quiere decir si le llegas al corazón. Si emocionas a alguien le terminará dando vueltas a lo ocurrido. Si no, lo archivará en algún lugar de su cerebro y ahí se quedará.
Lo más llamativo ha sido cuando se ha puesto a hablar del “no” en el que trabajan. Tienen que trabajar en unos formatos muy concretos, con unas condiciones muy específicas, lo que hace que sea más difícil, pero la verdad, al menos los escritores noveles también se ven limitados. Las editoriales buscan cosas muy concretas a la hora de aceptar un manuscrito y, si quieres ser original, lo más inteligente es hacerlo cuando ya tengas un nombre, o sino lo tienes complicado. A menos, claro está, que tengas suerte y suene la campana. Desconozco si a los escritores que tienen las editoriales en nómina les pasará esto alguna vez, que el editor le pida escribir algún tipo de libro en concreto con ciertas especificaciones.
También se puede aplicar a la novela lo que ha comentado sobre el ritmo de la obra. La audiencia no se puede aburrir, por que sino desconecta y se aburre. En las novelas pasa algo parecido; aunque haya unos lectores que leen libros llamémoslos “pesados” simplemente por el placer de leerlos, porque les gusta ese tipo de literatura, hoy en día lo que predomina es un lector que busca libros que enganchen y que le lleven desde el principio hasta el final sin muchas dificultades. Que el libro agarre al lector y no le suelte, vaya.
He aprendido un buen puñado de cosas útiles de este hombre. Espero que me sirvan para el futuro.

lunes, 7 de mayo de 2012

Mónologo: EL FINAL DE LA BRUJA

(El personaje es una señora mayor muy fea que tose y balbucea algo que suena a maldiciones en una celda húmeda y muy sucia. La mujer va tosiendo a lo largo de todo el monologo.)

    María -¡Acusarme!¡A mí! ¡De brujería, nada menos! (tos violenta) ¡Dí que sí! Me matarán antes los pulmones que el fuego “purificador” que me llevará de cabeza al infierno. ¡Malditos magistrados del santo oficio! ¿Qué soy tan fea y arrugada que parezco una de esas brujas devora niños de las que hablan las leyendas? Pues mira, sí, ¡pero ya os gustaría a vosotros veros así de bien a mi edad! Los años no perdonan, lo raro sería que no tuviera esta guisa. ¡Y mucho mejor que estaría si no tuviera que pudrirme en este cuchitril! Es que claro, se vienen al campo pensando que se van a encontrar pastorcillas guapas, alegres y risueñas, y se encuentran conmigo. ¡Esto es la edad y no el diablo, cabritos!
    Pero claro, soy una bruja porque no soy buena gente, ¿no? Porque no me dedico a sonreír como una bobalicona a las imbecilidades que hacen los críos, ¿no? ¡Pues deberían darme las gracias, que una hostia a tiempo arregla a cualquiera! Luego los críos se convierten en inquisidores y llaman hereje a cualquiera. Luego hay que soportar que, encima de bruja, me llamen mentirosa.
    ¡Hipócritas, que sois unos hipócritas! ¡Mentirosa yo! Yo digo la verdad y sólo la verdad. Si digo que el Arnatz tiene más cuernos que una manada de ciervos, ¡es que los tiene tan grandes que no debería caber por los huecos de las puertas! Y yo no voy marujeando como hace el resto, no señor. Yo se lo digo bien alto y claro: ¡Arnatz! ¡Que tu mujer te la está pegando con el molinero! ¡Que fijo que la niña ni es tuya! Encima la gente me mira mal. No, mejor llamar a Arnatz cornudo a sus espaldas, y a su mujer, puta. Pues no, ¡Arnatz es un cornudo y Artizar una puta! Así, a la cara y sin remordimientos. La verdad duele, ¿eh? Sus jodéis, no haber hecho lo que no teníais, no vayáis luego de tapadillo y metiéndoos con una pobre vieja.
    Aaah, pero la cosa no acaba ahí, no señor. Resulta que cómo sé hacer un par de infusiones y un par de cataplasmas, ¡ya preparo brebajes perniciosos cuya receta me ha dado el mismo demonio! ¡Jesús! (tose de nuevo muy fuerte) ¡Muerte, llévame pronto, que para lo que me queda aquí….!
    Sé de hierbajos, sí, ¿y qué? ¡Señoritingos de ciudad, que sois unos señoritingos! ¿Qué os habéis creído? ¿que aquí tenemos toda esos cachivaches de ciudad? Por no tener no tenemos ni sanguijuelas, sólo tenemos nuestros árboles y todo el suelo plagado de hierbas… ¿qué hay de malo en sacar provecho de nuestra tierra? Mejor nus muramos todos, ¿no? Luego claro, nadie se atreve a juguetear con plantas por lo que soy la única que sabe de esto y mala mirada me echan cuando pido algo a cambio. ¡Que tengo que comer!
    ¡Sabe de hierbas! ¡Es una bruja! ¿Y vosotros sois la voz de Dios en la tierra? ¡No me hagáis de reír! ¿Es que Nuestro Señor es tonto o qué? Para colmo de males, su prueba irrefutable de que soy una bruja es un lunar en el escote y dos gatos. ¡Dos gatos! Mi pobre Bixintxo… ¡ay qué solita me dejaste! Cómo no le salió a Dios de su Gracia darme niños, pues me quedé con esos gatos… ¡Crueles, que me acusáis de su muerte! Vale que sería un vago haragán malhablado, pero nunca le habría hecho algo así. Él me llamaba “vieja bruja” y yo “borrachuzo”, pero era la manera que teníamos de demostrarnos nuestro amor. Ay, ay, ay….(se retira una discreta lágrima) ¡que si tan bruja fuera habría menos criajo suelto por el pueblo, leñe, que ni te dejan dormir ni vivir ni ná… me iba yo a cargar a mi Bixintxo!

    ¡Y todo por culpa de la afrancesada esa! Que no la dejéis ir a Francia, que los franceses esos son muy raros y le van a meter ideas raras a la niña en la cabeza… ¡ni caso, ni caso! ¡Pues hala, a Francia! ¡Y termina en un aquelarre, nada más ni nada menos! Pero la niñita tuvo suerte, la absolvió no sé qué cardenal, obispo o la madre que los parió a todos… ¡A saber cómo le convenció! Que un hombre es un hombre y eso de la castidad no se lo traga nadie.
    Bien, no teniendo suficiente con todo este asuntillo, a la niñata esta no se le ocurre otra cosa que ir diciendo por ahí que había visto a otras del pueblo en la reunión  su aquelarre. ¡Lo suyo si que es lengua viperina y no lo mío! ¿Quién iba a tener en cuenta lo que decía esta tonta del culo? ¡Pues todo el pueblo! No sé cómo lo hizo. ¡Menuda la que se armó! De repente empezaron a salir brujos como setas. Hombres, mujeres, niños… ¡Una locura, y todo por una estúpida bocazas! ¡Y lo decía cómo si fuese tan divertido! Ahora bien, desde fuera… ¡menudo circo debía parecer! Llovían las acusaciones por todos lados, cada vez más absurdas. “¡Devuélveme la cosecha que echaste a perder! ¡Por tu culpa mi niño no nació!” De ser cierto me tendría que haber dado las gracias, por que como saliera igual de inteligente que la madre… “¡Por tu culpa a mi marido no se le levanta! ¡Sí, es por culpa de esa bruja!” ¡Habrase visto qué morro! El caso era echar la culpa a una mujer de lo único que no se nos puede culpar, ¿no? ¡Mala mujer, que tu marido no da la talla y no la da, no me venga a mi con historias!
    ¡Ea! Todos tensos como cuerdas esperando a que alguno de los brujos diera un paso en falso para trincharlos. Eso sí, a mi no me daban nada de miedo, ¡ja! ¡Yo no había hecho nada! Que me mirasen y me dijesen lo que quisieran. Pena que hubiera tantos llorones en este pueblo. El cura local estaba que no sabía qué hacer con estos feligreses que parecían a punto de causar un derramamiento en el pueblo y, entre unos y otros, quisieron acordar una disculpa pública para solucionarlo todo. ¡Qué risa! ¿Pero qué disculpa? ¡Ja! Lo que me reía yo entonces. Aún no me podía creer que la gente se tragara todo este cuento. Por supuesto, yo me negué desde el principio a disculparme. ¡Si no había echo nada!
    Por desgracia la cosa se empezó a poner fea de verdad. Los críos empezaban a perseguirme tirándome cosas, trataban de agarrar a mis gatos para hacerles daño. “¡Los demonios de la bruja, los demonios de la bruja!” gritaban. ¡Niños estúpidos! Y sus padres acosándome todo el rato, no me dejaban en paz. El resto de supuestos brujos presionándome para que acudiera al acto y pidiera disculpas. Empezaron a no querer venderme la comida. ¡Malnacidos! Al final no me quedó otra. ¿Qué iba a hacer una vieja como yo que nadie quería? Sólo pedía que me dejaran a mis cosas y ni eso.
    Pues nada, todos a la iglesia bien arregladitos, confesando ser brujos, pidiendo perdón, que no lo volveríamos a hacer, bla, bla, bla…. ¡y lo mejor de todo es que con eso fue suficiente! A casa todos tan amigos. Aunque siguieron las murmuraciones durante un tiempo, la normalidad volvió. Nada parecía haber cambiado especialmente, excepto que la mayoría de supuestos brujos trataban de ser más simpáticos que de costumbre. Aún estaban acojonaos, ¡cobardes! Menudas nenazas. Esto en mis tiempos no era así, los hombres eran hombres de verdad y las mujeres no se dejaban llevar tan pronto por habladurías como estas. Le hubieran vuelto la cara a la niñata a la primera tontería que dijera sobre brujas, y yo ahora no estaría aquí, encerrada en una cárcel del Santo Oficio… ¡Señor mío! ¿Qué no veis que Vuestros enviados se han equivocado y están majaretas? ¡Todos se han vuelto locos con la historia esta de la brujería…! ¿No será esa la verdadera treta del Diablo?

    Porque claro, qué final más feliz, ¿no? Una disculpa y a casita, aunque todo hubiera sido un mal entendido desde el principio. Pues no. Al lumbreras del párroco no se le ocurrió otra cosa que dar el aviso al Santo Oficio sobre este tema de brujas. Cagüen to… ¡con la iglesia hemos topado! Vino un tipejo de la capital y empezó a hacer campaña contra brujos y brujas, arengando y aterrorizando, haciendo especial hincapié en lo que les pasaría a aquellos que no acusaran a las brujas. ¡Y vaya que si la gente se asustó! ¡Rápido nos vendieron! Y de la misma manera que antes brotaron brujos, lo siguieron haciendo ahora, pero acompañados de los más infames delitos que se le puedan pasar a uno por la cabeza. ¡Que si habíamos matado a no se cuantos críos! ¿Pero qué son las mujeres del pueblo, humanas o conejas? ¡Que si en los aquelarres yacíamos con el demonio y le besábamos el trasero! Puaj, me dan arcadas de sólo pensarlo. Además, yaciendo todos juntos y con todos, mujeres y mujeres, hombres y hombres… ¿quién fue el enfermo al que se le ocurrió todo esto? Ay, Señor, ese sí que estaba poseído por el demonio (se santigua)  ay, ay, ay…
    Nos llevaron a estas mugrientas celdas, nos encerraron y nos incomunicaron. De vez en cuando nos sacaban y nos interrogaban. ¡Menudos interrogatorios! No querían la verdad, querían que dijera que era bruja sin importar qué. Sabía que la Inquisición tenía cacharros de tortura, pero no me salía de las narices. ¡Qué no! ¿Me oís? ¡Qué no! ¡Que ya soy muy vieja para mentir de esa manera! ¡Qué no y qué no! ¡Que estoy a un paso de la tumba y no voy a perderme el paraíso por un grupo de zopencos! (tiene un acceso de tos muy violenta) ¡Lo oís! ¡A un paso!
    Pasaban los días y nos tenían en condiciones horribles, casi sin comer y sin siquiera echarnos un agua de vez en cuando, completamente a solas, sin siquiera oír el más leve murmullo de viento. Luego se extrañarán de que hable sola. Un día, o una noche, yo qué sé, empezaron a llegar más presos, en tal cantidad que ya no fueron capaces de mantenernos aislados. Como podían intercambiaban datos para decirles lo que querían oír, seguros de que así los soltarían. ¡Panda de ingenuos! Si es que lo que no sepan las canas…
    ¡Y para rematarlo, garrulos, una enfermedad se empezó a cobrar las vidas de vuestras preciados brujos y brujas! ¡Os quedasteis sin el gusto de hacerlas vuelta y vuelta, y ojala me lleve a mi pronto!
    Es impresionante la cantidad de personas que hay aquí hacinadas, y no son todas del pueblo. Si es que no podrían serlo ni queriendo, y oigo como algunos dicen que han tenido que empezar a retener a la gente en otros lugares… ¿pero qué pasa? ¿España entera se habrá vuelto loca? ¿Habrá llegado la locura de las brujas hasta Andalucía o qué? ¡Señor, llévame pronto de este mundo de locos!
    Vaya, vaya, mira tú por donde, escucho pasos. Vienen a mi celda. ¿Se habrán decidido ya a torturarme para sacarme la mentira? Me da igual, les voy a mirar tan mal que se van a morir del susto al pensar que la bruja les ha maldecido. Uy. Uy, uy, uy lo que me están diciendo… ¡Mal nacidos, desgraciados! ¿Qué me vais a quemar? ¡Si no tenéis ni pruebas de lo que soy o dejo de ser! ¿Pues sabéis una cosa? ¡Más sus vale vivir mucho, porque yo arderé un día pero vosotros vais a acabar en el Infierno de cabeza para toda la eternidad! ¡Verás tú qué risa cuando os mire desde el Cielo abrazada a mi Bixintxo! ¡Vosotros sois los pecadores, cabritos, así quedéis bien retostaditos en el Infierno todos, que a mi el Señor no me puede reprochar lo que os va a echar en cara a vosotros, asesinos!
(Un acceso de tos terrible la hace doblarse sobre sí misma y caerse en el escenario)