EL REMORDIMIENTO DE CIRCE
Los dioses no escuchan. No ven, no
actúan. Podrían hacer muchas cosas no lo hacen. ¿Por qué lo sé?
Porque yo no hago nada. No soy diosa, ni mucho menos, aunque ante
ciertos individuos que desgraciadamente pisan la tierra es fácil
pensar que los hay que están debajo, a pesar de que esto no es
cierto. Todos somos iguales.
No soy diosa, pero poseo un gran
poder, al igual que los dioses. Si yo no lo utilizo para ayudar a
quien lo necesita, siendo humana, no tiene sentido pensar que los
dioses lo hagan.
Soy capaz de ver los hilos del
destino. Puedo verlos, el pasado, el presente... y el futuro. Más
aún, puedo manipularlo. El pasado está fuertemente entretejido y es
inamovible, el presente rápidamente se convierte en pasado, pero el
futuro está listo para ser alterado en un tapiz nuevo, si así se me
antoja.
Hay quién soñaría con lo que yo
tengo, lo sé... pero no creo que se imaginen cuan aterrador es tener
esto en las manos. Cada persona tiene su hilo, los veo con claridad,
y con la misma facilidad que lo veo puedo agarrarlo y cambiarlo.
Puedo darle un futuro brillante o uno devastador, puedo atarlo al de
otra persona, puedo acortarlo o alargarlo drásticamente.
Yo, una simple humana, puedo cambiar
designios escritos por los mismos dioses. ¿Cómo puedo decidir quién
es o no es merecedor de reescribir su destino? Tendré el poder, pero
eso no me da potestad para usarlo. No soy más que un dios, y entre
mis iguales, seria injusto que yo me creyera con la superioridad
moral de decidir cómo discurren sus vidas. Ni tampoco qué sucede en
ellas y qué deja de suceder.
Tengo miedo también de lo que podría
llegar a pasar si personas de corazón malvado supieran de mi
existencia y trataran de aprovecharse de ella, queriendo usar esta
capacidad en beneficio propio y en detrimento de otros. Sin
escrúpulos, sin remordimientos.
Al final no uso el poder ni para ver
lo que el futuro me depara. No, no es justo. Si nadie más puede
hacerlo, yo tampoco.
Por los dioses y las diosas que pueda
haber, ¿hago mal en no usarlo nunca, ya sea por mi propio bien o el
ajeno? A veces deseo tanto hacerlo...
Hoy, al llegar a casa, no pude evitar
echarme a llorar. Recuerdo que mis padres estaban cerca, puede que
preocupados. No estoy segura. La culpa que sentía distorsionaba y
quemaba todo lo que había a mi alrededor.

Miré hacia otro lado. Si cambiaba su
hilo, mi obligación hubiese sido cambiar la de todo aquel que en el
futuro le aconteciese una desgracia. No podía hacerlo... no puedo
hacerlo, demasiada gente en el mundo, y es igual de injusto elegir a
unos pocos para cambiar su destino dejando al resto a su merced.
No tardé en escuchar el frenazo.
Después un golpe. Atrópos se había cobrado su víctima. Volví la
cabeza y vi ante mí un muñeco con brazos y piernas en ángulos
extraños empapado en sangre. Alguien gritó. Hubo quién intentó
ayudarle. El sonido de las sirenas hizo acto de presencia. Poco
después estaba en casa, en el sofá, con las manos en el rostro. No
sé cómo llegué ahí, poco me importa.
Sabía que ese chico iba a morir y no
hice nada.
Dejé que muriera.
¿Cómo pude...?
¿De verdad era lo correcto?
Quien se proclama ignorante y no hace
nada es tan culpable como el que actúa consciente de sus actos.
No sé si fue un dios o un demonio
quién me dio este poder, pero pienso que si el diablo no existe, y
en consecuencia el hombre lo creó, lo hizo a su imagen y semejanza.
Incluso si quiere hacer el bien, si quiere hacer lo correcto, si no
quiere caer en la tentación... el mal empaña sus actos. Hoy los
míos se han llevado una vida.
Nunca seré capaz de olvidarlo.